Las mentiras que nos comemos

Por: Elena González Antequera

FOTO: amazon.com

Vacas felices en prados verdes – eso es lo que queremos creer los consumidores cuando tomamos carne. Pero el panorama de la producción “natural” de alimentos en los países industrializados se antoja mucho más sombrío. Cereales modificados genéticamente, comida para animales alterada con medicamentos, ganado tratado con hormonas – la lista del horror es larga y apenas queda actividad agrícola que no se haya visto afectada por algún escándalo. ¿Pero qué es en realidad lo que sabemos sobre los alimentos que nos comemos a diario?

En un supermercado estadounidense podemos encontrar unos 47.000 productos de media, una gama casi abrumadora. Pero si analizamos la aparente diversidad de forma más profunda, nos daremos cuenta de que sólo unas pocas empresas acaparan el mercado.

“La industria alimentaria de los Estados Unidos no quiere que sepamos lo que comemos. Porque si lo supiéramos, probablemente no lo querríamos comer.” Esta es la conclusión a la que llega el periodista americano Eric Schlosser, autor del best-seller “Fast Food Nation”.

En muchos de los alimentos que consumimos podemos encontrar etiquetas con las palabras “natural”, “saludable”, “de granja” u “orgánico”. No obstante, la realidad se presenta bien distinta. El documental nos muestra que los alimentos de hoy proceden en su mayoría de la cadena de producción. Nuestros alimentos industriales tienen más que ver con fábricas y gerentes que portan maletines de documentos que con campos llenos de espigas de trigo meciéndose con el viento. El objetivo de las multinacionales es aprovechar los recursos al máximo para reducir costos y aumentar los beneficios.

Los trabajadores y los animales son explotados, la comida cada vez es menos saludable y la industria oculta esto de forma intencionada a los consumidores. Unas pocas corporaciones multinacionales controlan la producción de los alimentos desde las semillas hasta el supermercado. Se trata de monopolistas, que ya no venden carne de reses o pollos felices, aunque esto es lo que sugieren con su publicidad.

Para poder obtener mayores ganancias, la industria alimentaria apuesta por tratar al ganado con hormonas, por manipular los cereales genéticamente y por desarrollar alimentos de forma tecnológica. Con esto no sólo arriesga el medio de vida de muchos agricultores, sino también la salud de los consumidores. Y como consecuencia, la lista de escándalos alimentarios que salen a la luz pública se hace más y más larga.

La “Ley de Kevin” es un proyecto de ley que permitiría cerrar aquellas fábricas de carne que hayan presentado repetidos casos de E. Coli. Dicha ley se desarrolló tras el trágico fallecimiento del pequeño Kevin debido a esta enfermedad por consumir carne infectada. Lamentablemente, se trata de un proyecto que lleva años bloqueado en Washington. Y esto, a pesar de que los retiros de carne contaminada con bacterias siempre alcanzan dimensiones inimaginables.

¿Pero hasta qué punto nosotros como consumidores podemos decidir lo que comemos? Es escalofriante el caso de la familia González que se presenta en el documental. Ellos cada día deben decidir si pueden permitirse comprar los medicamentos necesarios para la enfermedad del padre o comprar alimentos saludables para el resto de la familia y evitar así la obesidad y el consiguiente deterioro de salud de los demás miembros. La cuestión económica unida a la falta de tiempo, provocada por horarios laborales de locura, supone un obstáculo en muchas familias para llevar una vida más sana. En el documental se remarca así que el mejor índice de obesidad en una sociedad es su nivel adquisitivo.

En Food, Inc., el director Robert Kenner y los periodistas Eric Schlosser y Michael Pollan presentan sus investigaciones sobre el mercado alimentario estadounidense. Su documental, que fue nominado a los Premios Oscar en 2010, invita a los espectadores a tomar una postura, a defenderse de la tutela de la industria alimentaria y a asumir la responsabilidad de su propia nutrición. Aunque Food, Inc. analiza la situación en los Estados Unidos, muchos de los problemas mostrados aquí, hace tiempo que también llegaron a Europa.

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