La imposibilidad de una metodología científica para el estudio de los textos del periodismo de investigación

Por: Elena González Antequera

El artículo de José María Caminos Marcet e Idoia Camacho Marquina incide en la imposibilidad de usar una metodología de carácter científico para el estudio de los textos periodísticos de investigación. Una de las dificultades de base para analizar estos contenidos es que, según sus autores, la información se presenta como investigación cuando se trata de una filtración interesada. Ciertamente, se trata de una cuestión fundamental para empezar cualquier estudio sobre este tema.

De ahí que se subraye de forma aclaratoria que para que haya efectivamente periodismo de investigación debe haber por parte del periodista una comprobación de los textos publicados a través de diferentes fuentes de información. Este factor pasa pues por la verificación de los datos publicados: no puede haber ninguna duda de la rigurosidad de los hechos noticiosos publicados. Este condicionante es un factor central en toda clase de periodismo. Sin verificación, sin contrastarse la información no estamos hablando de periodismo. En este punto se destaca que dicha confirmación la debe hacer el propio periodista, no su fuente de información.

Este requisito lo sustentan distintos autores de prestigio, como Ferrán Lalueza Bosch o José María Caminos Marcet. Este último llega a decir que “el verdadero periodismo de investigación es aquél en el que el periodista, a través de su trabajo, su esfuerzo, intuición y sus propias fuentes, descubre algo que el público no conoce y es guardado en secreto”.

Otra de las características que hace difícil aplicar un método científico al denominado periodismo de investigación es la atribución o no de las fuentes de información. Aquí hay una disparidad de criterios que suscita un debate con posturas de diversos matices. Los que defienden que las fuentes deben aparecer identificadas argumentan que este detalle aporta rigurosidad y seriedad a los textos, y que el público tiene derecho a conocer quién aporta la información para situar el punto de vista desde el que se ofrecen datos reveladores.

Por otro lado, en el artículo se apunta a que la única posibilidad que tienen los periodistas en ocasiones para obtener informaciones de interés es por medio de fuentes que no quieren ser reconocidas públicamente. De hecho, como se expone, es muy poco probable que estas fuentes que disponen de la posibilidad de transmitir información confidencial o incluso de alto riesgo quieran delatarse.

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Aunque el mencionado debate de la atribución de fuentes es interesante y da lugar a opiniones diferenciadas, un factor que es considerado como más importante que éste es el del propio origen de las fuentes y de la información, para saber si estamos hablando de investigación o de filtración, como se esbozaba al principio de este reporte. Si bien es cierto que las grandes filtraciones no son por sí periodismo de investigación, también es cierto que las filtraciones juegan un papel importante dentro de este género periodístico.

Aquí es donde entra la acción del investigador para dar un paso adelante y analizar y comprobar las fuentes. Y no sólo esto, sino también buscar otras fuentes de información alternativas para complementar y ampliar la información, además de verificarla, que, como se ha recalcado, es un proceso básico y principal en toda investigación que se precie de periodística.

Este hecho diferenciador separa al periodista de investigación del resto de colegas de su profesión. Estos roles de investigación y verificación de los datos los tiene que asumir el periodista, y no

exclusivamente la fuente que facilita la información. En consecuencia, se considera que si la verificación de los hechos o datos ha corrido a cargo exclusivamente de la fuente se trata de una filtración.

Desde el artículo objeto de este reporte se mantiene que son muchos los periodistas investigadores que piensan que las grandes filtraciones deben ser comprobadas con anterioridad para que puedan ser publicadas. De esta manera, se incide en la responsabilidad ética y deontológica del periodista para no publicar textos con una finalidad desinformadora. Sin embargo, a pesar de estas afirmaciones, lamentan que esta ausencia de comprobación se da en ocasiones.

En relación a estos asuntos, es preciso pues trazar bien las fronteras entre lo que es investigación y lo que es simplemente una filtración posiblemente con fines interesados. Como señala Caminos, “el falso periodismo de investigación es, por el contrario, aquél en el que el profesional no hace sino trabajar sobre unos datos completos que le han sido suministrados por una única fuente de información que exige permanecer en el anonimato”.

Es conveniente pues, que el propio medio de comunicación aclare al lector de dónde proceden sus fuentes, para que éste pueda discernir si se trata de información suministrada por una fuente o, por el contrario, de una completa investigación llevada a cabo a través de varias fuentes y con un método riguroso de comprobación y análisis de las novedades aportadas.

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En este sentido, como comenta Héctor Borrat, “los medios de comunicación han logrado acostumbrar a sus audiencias al consumo indiscriminado y casi cotidiano de informaciones filtradas que no se presentan como tales sino como simples componentes del flujo informativo normal”. Hay que tener en cuenta esta recomendación, ya que las filtraciones tienen detrás intereses ocultos y no sabemos si legítimos según la ocasión.

Volviendo al tema central del artículo, la aplicación de un sistema científico al estudio de las investigaciones periodísticas, en el texto se destaca una importante novedad en el estudio de este género, la aportada por Ferrán Lalueza Bosch. Se trata de un propuesta pionera para determinar si estamos frente a una producción textual derivada de una investigación periodística y abrir así la senda para la entrada de técnicas científicas en el campo de la comunicación.

Lalueza resume en cuatro condicionantes principales los que convierten a una información en periodismo de investigación. Son los siguientes:

1.- Que la información sea verificada.

2.- Que sea inédita.

3.- Que sea de relevancia permanente.

4.- Que sea denunciadora.

Estas condiciones allanan el camino, en consecuencia, para la consecución de unos “medidores” estándar para certificar la calidad de unas supuestas investigaciones periodísticas.

No obstante, incluso con estos mencionados “medidores” nos encontramos con dificultades para “certificar” la validez de una noticia o reportaje con carácter investigador, entre otras cuestiones, por lo referido anteriormente que algunos medios de comunicación presentan como investigación lo que en realidad es una filtración.

En conclusión, resaltar que el periodismo de investigación no se incluye dentro del periodismo especializado, sino que tiene unas técnicas y características propias, como la que es el propio periodista el que comprueba la información obtenida (no las fuentes), se acude a varias fuentes (en ocasiones de forma anónima para salvaguardar su protección por el riesgo y confidencialidad de la información), se ofrecen datos inéditos esenciales y se denuncia un determinado aspecto de la realidad. Sin embargo, todavía no se ha consolidado un método científico infalible al cien por cien que consiga una aproximación a este género. Como opinión, cabe subrayar que es importante que todos los medios cobren conciencia de no presentar filtraciones como investigaciones propias. Ello facilitaría el camino hacia un análisis más científico de estas técnicas periodísticas.

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