La investigación que rescató a Posoltega del olvido

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Por: Elena González Antequera

Cuando la esperanza se hace literalmente cenizas para unos ciudadanos nicaragüenses sin recursos afectados por el deslave de un volcán en 1998, el periodismo se muestra como uno de los pocos cauces para remover conciencias. La investigación se presenta así como una herramienta imprescindible para acercar la realidad al lector, recrear los hechos, señalar consecuencias y determinar posibles responsabilidades. Pero también sirve como un llamamiento a la acción para que los protagonistas de este texto reciban todo el apoyo que necesitan.

Los olvidados del Casita no se limita a ser una mera producción periodística, sino que va desde el reportaje hasta la crónica, pasando por el perfil humano, sin olvidar un género directo y vivo como el de la entrevista para conseguir esa aproximación tan necesaria entre el lector y los verdaderos protagonistas de la historia, poniéndole cara y dándole voz a las personas que hay detrás de la noticia, creando un vínculo emocional.

El reportaje de Los olvidados del Casita revive así la tragedia que azotó el pueblo de Posoltega ese fatídico 30 de octubre de 1998, provocada por el Huracán Mitch que culminó en el deslave del volcán Casita, acabando con la vida de más de tres mil personas.

Se trata de un complejo trabajo del periodista Carlos Salinas Maldonado, en el que nos muestra la cruda realidad que sufren los supervivientes casi una década después del desastre, a lo que se une la amenaza cotidiana de que se pueda repetir la tragedia.

Este reportaje constituye un claro ejemplo de periodismo de investigación porque profundiza en los hechos, los reconstruye a través de las personas que han vivido la tragedia del volcán en 1998, además de apuntar a los posibles responsables de los hechos. No se queda sólo ahí, sino que destaca el olvido y la falta de perspectivas laborales y económicas que sufren los habitantes de esta zona aún en el presente, fruto de una dejadez total por parte de las autoridades y otros organismos. Se establece así una denuncia de esta situación de abandono a través de los testimonios de algunos de los damnificados que no hacen más que subrayar la desesperación que sienten al verse azotados tan duramente por el destino. Un destino que, en primer lugar, les trajo la tragedia de un desastre natural a sus comunidades y, que nueve años más tarde, amenaza con robarles la poca esperanza que tenían de empezar de nuevo y salir adelante.

Para poder exponer y explicar los hechos a los lectores, Carlos Salinas Maldonado se nutre en su reportaje de un amplio número de fuentes, tanto personales como documentales. A lo largo del reportaje, son muchas las alusiones que hace a las noticias que en su momento aparecieron en la prensa informando sobre los acontecimientos en Posoltega. Recupera también fotografías de archivo que se tomaron el día del deslave del volcán. Pero Salinas no se limita a una reconstrucción del pasado, sino que, a través de testimonios personales de algunos de los supervivientes (incluyendo al actual alcalde del pueblo), recrea de forma tan vívida los días de angustia que el lector tiene la sensación de ser partícipe directo del sufrimiento, el miedo y las preocupaciones de los habitantes de Posoltega.

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El reportaje arranca con un estilo literario, que se vuelve tan descriptivo al narrar las características del pueblo y del modo de vida actual de los supervivientes y sus familiares que apela directamente a las emociones de los lectores y los sitúa directamente en el escenario de los hechos. El enfoque humano del texto crea un fuerte sentimiento de empatía con las víctimas del deslave. El periodista huye de los detalles superficiales ahondando en los tristes acontecimientos de 1998 y denuncia el abandono al que quedaron sometidas las personas afectadas por la tragedia, tanto por parte de las autoridades políticas como por las propias ONGs, que fueron numerosas al principio, pero que, como señala el reportaje, se redujeron prácticamente a nada con el paso de los años.

En la entrevista realizada a Felícitas Zeledón, alcaldesa de Posoltega en el momento del desastre, Salinas sigue un estilo directo, sin rodeos, insistiendo en las preguntas que señalan a los presuntos responsables del deslave del Casita y la situación que se vivió después. Incluso se apunta a presuntos casos de corrupción señalando la construcción de mansiones con dinero de las ayudas destinadas para los damnificados.

El lector se solidariza desde las primeras líneas con las personas que prestan sus recuerdos en este reportaje. Las imágenes, tanto la impactante fotografía de los heridos en la fatídica fecha como las fotografías actuales y la infografía en la que se explica cómo ocurrió el alud, complementan el contenido del texto y provocan una conexión emocional aún mayor en la audiencia. Encajan con el tono ofrecido en el propio reportaje y acercan al lector aún más a los hechos referidos.

Ante un reportaje de investigación de estas características, se espera que se sucedan las reacciones políticas, sociales e incluso por parte de las diversas ONGs. El periodismo de investigación en algunos casos, como se ha comprobado a lo largo de la historia de este género, puede ayudar a cambiar las cosas, o al menos, a producir cierto efecto. Recordemos, por ejemplo, el caso Watergate, que provocó la dimisión de todo un poderosísimo presidente de los Estados Unidos. En el texto que nos ocupa en esta ocasión, escrito nueve años después de las muertes ocasionadas por el volcán Casita, cabría esperar una reacción por parte de distintas autoridades y organizaciones, que seguramente se pronunciarían al respecto a través de notas de prensa o similares. Incluso es de suponer que los propios periodistas buscaran nuevas versiones y nuevos puntos de vista sobre este importante acontecimiento. En este sentido, sería interesante conocer el alcance que tuvo Los olvidados del Casita y saber si las autoridades tomaron cartas en el asunto para ofrecer ayuda real a los supervivientes.

Como ejemplo de periodismo de investigación, Los olvidados del Casita genera un nuevo tema para el debate público y político a partir de un acontecimiento que pudo haber quedado en el olvido años después de lo sucedido. Se trata además de un tema interesante para que se propongan soluciones muy necesarias a problemas sociales y de carácter económico para la comunidad de Posoltega, en la que muchos de sus habitantes se vieron obligados a emigrar para escapar de la desolación y la falta de oportunidades en busca de una vida y un futuro mejor para sus familias.

A pesar de lo trágico del relato de la difícil situación que viven los damnificados, el reportaje de Salinas cierra con la referencia al pequeño Pedro Pablo Chávez, un niño de 9 años que sobrevivió al desastre siendo tan sólo un bebé, aportando un toque de esperanza. Esperanza de que se oiga la voz de las personas que hay detrás de la historia y que llegue la ayuda anhelada.

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